Cerré los ojos, los volví a abrir y ya no estabas.
Pensé entonces en el mundo como una fuga de agua en las cañerías.
Me pregunté si el tiempo tendría prisa para mirarte y así el aire me robaría de tus brazos.
Pensé en el absurdo, aún no escrito en los libros, de algo que se puede porque lo sabemos imposible.
La razón que no se escucha mientras tocan los violines, y los colores que al juntarse no se mezclan, nos gritaban a susurros que dejemos las quimeras y que vuelvas a encontrarme en lo finito.
Y entonces vi en tus ojos cada hoja del otoño.
Cada rayo matutino estaba plasmado en tu piel como pinceladas de oro que dio el destino.
Me vi a mí misma reflejada en tu sonrisa
y todo pasó como un verso escrito en una servilleta.
Quizás carezca de sentido y de talento de poeta
tal vez sea el vano espejismo de una piedra en medio de la nada
o notas desafinadas en la boca de un mendigo.
Pero al mirar las camelias danzar en la calzada
y ver las nubes tan tranquilas sin que les importe nada
decidí volver a cerrar y abrir los ojos a ver si aparecías.
sábado, 20 de marzo de 2010
Rêverie
Como algunos de mis lectores (si los hubiera realmente) saben, toco el piano desde los seis años. Antes no me gustaba, era más una obligación que un pasatiempo.
Con el tiempo vi el arte de otra manera, como la expresión del universo. Todo lo indecible está plasmado en ello.
Es increíble la manera en que la música es capaz de absorber nuestros pensamientos más ocultos y hacerlos brillar en cada nota. Hubo alguna vez que en medio de la clase de piano, mientras mantenía mi sonrisa clásica y tocaba exactamente lo escrito en la partitura, el maestro me pidió que me detuviera. Creí que había notado algún error y esperé a que me lo indicara cuando preguntó:
-¿Estás deprimida?
Me quedé anonadada al escucharlo, puesto que en efecto, sí lo estaba. A pesar de que las lágrimas estuvieran encerradas dentro de mi pecho, y mi blanca sonrisa negara a su pregunta, lo que me dijo a continuación tuvo más razón: -Podrás mentirme a mí, podrás mentirle al mundo, pero nunca a la música.
De esa manera, la música no es más que una autobiografía. Cada paso, cada experiencia va cambiando la forma en que tus manos recorren el teclado. Es ahora que entiendo por qué le dicen el lenguaje universal, no importa si hablas alemán, español o ruso, o si lo que dices son sólo apariencias de la realidad. Siempre se pueden notar tus confesiones en el sonido del instrumento.
Hoy, personalmente fue un día memorable, en que al levantarme tuve una sensación que no había tenido antes y que en efecto, aún desconozco su nombre. Sin embargo, una vez más el maestro lo notó en mi forma de tocar. El impresionismo, que hace algunas semanas era muy difícil de lograr, obtuvo el poder de recorrerme entera y llenarme de su esencia. Tanto así es que al llegar a mi casa lo primero que hice fue tocar el "Rêverie" de Debussy, y escuché en él la definición exacta de lo que sentía.
Tiempo después me retiré para ponerme a hacer mis tareas y busqué la misma pieza en Youtube. Al instante supe que no era la misma. Mismas notas, mismo tiempo, igual técnica. Pero en definitiva, Rêverie de Youtube no me estaba diciendo nada.
En cada interpretación, uno no da sonido. Se está entregando a sí mismo.
Con el tiempo vi el arte de otra manera, como la expresión del universo. Todo lo indecible está plasmado en ello.
Es increíble la manera en que la música es capaz de absorber nuestros pensamientos más ocultos y hacerlos brillar en cada nota. Hubo alguna vez que en medio de la clase de piano, mientras mantenía mi sonrisa clásica y tocaba exactamente lo escrito en la partitura, el maestro me pidió que me detuviera. Creí que había notado algún error y esperé a que me lo indicara cuando preguntó:
-¿Estás deprimida?
Me quedé anonadada al escucharlo, puesto que en efecto, sí lo estaba. A pesar de que las lágrimas estuvieran encerradas dentro de mi pecho, y mi blanca sonrisa negara a su pregunta, lo que me dijo a continuación tuvo más razón: -Podrás mentirme a mí, podrás mentirle al mundo, pero nunca a la música.
De esa manera, la música no es más que una autobiografía. Cada paso, cada experiencia va cambiando la forma en que tus manos recorren el teclado. Es ahora que entiendo por qué le dicen el lenguaje universal, no importa si hablas alemán, español o ruso, o si lo que dices son sólo apariencias de la realidad. Siempre se pueden notar tus confesiones en el sonido del instrumento.
Hoy, personalmente fue un día memorable, en que al levantarme tuve una sensación que no había tenido antes y que en efecto, aún desconozco su nombre. Sin embargo, una vez más el maestro lo notó en mi forma de tocar. El impresionismo, que hace algunas semanas era muy difícil de lograr, obtuvo el poder de recorrerme entera y llenarme de su esencia. Tanto así es que al llegar a mi casa lo primero que hice fue tocar el "Rêverie" de Debussy, y escuché en él la definición exacta de lo que sentía.
Tiempo después me retiré para ponerme a hacer mis tareas y busqué la misma pieza en Youtube. Al instante supe que no era la misma. Mismas notas, mismo tiempo, igual técnica. Pero en definitiva, Rêverie de Youtube no me estaba diciendo nada.
En cada interpretación, uno no da sonido. Se está entregando a sí mismo.
miércoles, 10 de marzo de 2010
le petit prince
Yo podría componerte una canción
Que le cante a tu mirada perdida
Que contenga en ella mi corazón
Y que diga que mi voz no te olvida
Caminemos por sendas oníricas
Toma mi mano en la irrealidad
Pon en tu boca palabras líricas
Susurra mis versos de dulce frialdad
Podría escribirte un soneto
Que describa tu sonrisa tímida
Que contenga la esencia insípida
Quiero hacerte alguien diferente
Un ideal que me tenga despierta
Un sueño que me sonría, aunque me mienta
Que le cante a tu mirada perdida
Que contenga en ella mi corazón
Y que diga que mi voz no te olvida
Caminemos por sendas oníricas
Toma mi mano en la irrealidad
Pon en tu boca palabras líricas
Susurra mis versos de dulce frialdad
Podría escribirte un soneto
Que describa tu sonrisa tímida
Que contenga la esencia insípida
Quiero hacerte alguien diferente
Un ideal que me tenga despierta
Un sueño que me sonría, aunque me mienta
martes, 9 de marzo de 2010
Seguridad y calma
Comparaciones las hay como gotas en la lluvia vespertina
como notas en un universo musical. Al escuchar tu débil melodía entre gritos de desesperación, lo supe. Lo supe al ver notas de luz entre sangre coagulada. Al ver un asomo de ilusión en las cicatrices de heridas pasadas. No sé si sueno dramática, en realidad no me importa. Tienes la capacidad de hacerme sonreír cuando la vida no vale nada, sabes obtener el brillo en mi mirada cuando todo se acabó.
Y siempre pienso que hemos crecido. Pienso que nada es como antes, que ambos cambiamos y nos mantenemos firmes a las lecciones aprendidas. Me veo diario en el espejo como un ente multifacético y siento que he dejado de ser por fin el mar de lágrimas del que tantas veces me salvaste de ahogarme.
Pero al final seguimos igual. A pesar de ser unos tantos centímetros más alta y usar maquillaje en los ojos, el llanto vino igual a mis mejillas. De nada valieron tantos premios y diplomas colocados estratégicamente para estos casos. Me sentí simplemente aire. Aire inrespirable.
Pero al escuchar tu canción todo cambió de color. Al decirme la idea que representaba en tu mente, seguridad y calma, todo se volvió sencillo. Seguridad y calma. Lo que tú ves y lo que me falta. Como me veo, como me ves, y quién soy.
Para Claudio
como notas en un universo musical. Al escuchar tu débil melodía entre gritos de desesperación, lo supe. Lo supe al ver notas de luz entre sangre coagulada. Al ver un asomo de ilusión en las cicatrices de heridas pasadas. No sé si sueno dramática, en realidad no me importa. Tienes la capacidad de hacerme sonreír cuando la vida no vale nada, sabes obtener el brillo en mi mirada cuando todo se acabó.
Y siempre pienso que hemos crecido. Pienso que nada es como antes, que ambos cambiamos y nos mantenemos firmes a las lecciones aprendidas. Me veo diario en el espejo como un ente multifacético y siento que he dejado de ser por fin el mar de lágrimas del que tantas veces me salvaste de ahogarme.
Pero al final seguimos igual. A pesar de ser unos tantos centímetros más alta y usar maquillaje en los ojos, el llanto vino igual a mis mejillas. De nada valieron tantos premios y diplomas colocados estratégicamente para estos casos. Me sentí simplemente aire. Aire inrespirable.
Pero al escuchar tu canción todo cambió de color. Al decirme la idea que representaba en tu mente, seguridad y calma, todo se volvió sencillo. Seguridad y calma. Lo que tú ves y lo que me falta. Como me veo, como me ves, y quién soy.
Para Claudio
lunes, 8 de marzo de 2010
¿Podrías imaginarte que lloro?
Por supuesto que no. Espero que no. He trabajado tanto para formarte la imagen de mi que quisiera ver en mi espejo.
Puedo llorar todo lo que quiera ahora. Mañana las ojeras se irán con maquillaje y la tristeza con una sonrisa falsa. Después de todo, ¿Quién nota la diferencia? Nadie se fija en mi como para darse cuenta, además de que la mayoría de las sonrisas son tan falsas que parecen naturales.
Lo tengo todo. Y tengo más por delante. Ya me convencí de que no te necesito. Hablo de necesitarte a ti como ente vivo. De ahora en adelante sólo existo yo y una colectividad como socia de trabajo.
No, no espero que lo entiendas. Si lo entendieras es que todo salió mal. Nadie lo hace, probablemente nadie lo hará, pero es agradable imaginar que así es.
Creo que vamos progresando. Aún juegan con mi corazón, y se rompe tan seguido que ya soy clienta de las papelerías (para comprar pegamento). Pero ya no lo ves romperse, y las lágrimas, me las quedo yo
Por supuesto que no. Espero que no. He trabajado tanto para formarte la imagen de mi que quisiera ver en mi espejo.
Puedo llorar todo lo que quiera ahora. Mañana las ojeras se irán con maquillaje y la tristeza con una sonrisa falsa. Después de todo, ¿Quién nota la diferencia? Nadie se fija en mi como para darse cuenta, además de que la mayoría de las sonrisas son tan falsas que parecen naturales.
Lo tengo todo. Y tengo más por delante. Ya me convencí de que no te necesito. Hablo de necesitarte a ti como ente vivo. De ahora en adelante sólo existo yo y una colectividad como socia de trabajo.
No, no espero que lo entiendas. Si lo entendieras es que todo salió mal. Nadie lo hace, probablemente nadie lo hará, pero es agradable imaginar que así es.
Creo que vamos progresando. Aún juegan con mi corazón, y se rompe tan seguido que ya soy clienta de las papelerías (para comprar pegamento). Pero ya no lo ves romperse, y las lágrimas, me las quedo yo
A lack of what
Hay una rosa nueva en el florero. Esta vez no me la dieron a mi, pero resalta incluso más que las demás. Sus pétalos son tiernos y joviales, esperando ver la luz de la mañana que adule su belleza. Tiene el color rojo de la soberbia, y el amarillo de la realeza. Me mira altiva mientras escribo, pues aunque esté de espaldas, sabe que le escribo a ella.
Mis dedos corrieron por el teclado tratando de encontrar el ritmo cadencioso de su respiración, tratando de imitar el recuerdo dulce de su voz. Pero lo único que encontré fueron trozos de almas rotas y notas al azar. Intenté entonces con las cuerdas de la guitarra pero resultó igualmente inútil. Después de todo, ¿Cómo se ve un color que no existe?
Aún busco diario algo indefinible. Me levanto con la esperanza de que será el día en que lo encuentre, o para no ser tan ambiciosa, el día en que sepa qué busco. Se aparecen en el escenario sombras de títeres. Algunos de postín y otros harapientos, pero siempre formando cómicas lágrimas de sonrisas tristes. Es todo tan surreal como caminar entre pavimentos de locura.
Ahí está. Mírala. Te mira, me mira y nos mira con diversión. Le parece entretenida nuestra marcha sin camino. Pues nosotros tratamos de identificarnos con diversas credenciales, ella simplemente sabe que es una rosa y se acabó.
Mis dedos corrieron por el teclado tratando de encontrar el ritmo cadencioso de su respiración, tratando de imitar el recuerdo dulce de su voz. Pero lo único que encontré fueron trozos de almas rotas y notas al azar. Intenté entonces con las cuerdas de la guitarra pero resultó igualmente inútil. Después de todo, ¿Cómo se ve un color que no existe?
Aún busco diario algo indefinible. Me levanto con la esperanza de que será el día en que lo encuentre, o para no ser tan ambiciosa, el día en que sepa qué busco. Se aparecen en el escenario sombras de títeres. Algunos de postín y otros harapientos, pero siempre formando cómicas lágrimas de sonrisas tristes. Es todo tan surreal como caminar entre pavimentos de locura.
Ahí está. Mírala. Te mira, me mira y nos mira con diversión. Le parece entretenida nuestra marcha sin camino. Pues nosotros tratamos de identificarnos con diversas credenciales, ella simplemente sabe que es una rosa y se acabó.
miércoles, 3 de marzo de 2010
Hello, pretty lady
Lo vi desde la rendija de la puerta. Se sentó tranquilamente a comer su almuerzo en una de las mesas del corredor. Me lo imaginaba en harapos, con el cabello largo y la cara sucia. Pero no. Estaba bien vestido y limpio, resultaba hasta cierto punto atractivo. Lo observe temblando desde mi escondite a medida que devoraba su torta. Volteó por un momento hacia donde yo estaba y tuve que contener la respiración, pero entonces se levantó y caminó hacia el lado opuesto. Me relajé y me recargué en una cubeta. Por un momento quise reírme de mi situación, encerrada en un cuarto de limpieza a media noche, asustada de una leyenda.
A más tardar a las nueve de la noche, todo el personal de la empresa se retira. No importa que tan importante sea el trabajo del día siguiente, ni que tan interesante esté la plática, todos se van al filo de las nueve. ¿Y por qué? Por ese hombre que acabo de ver comerse una torta en el pasillo.
Dicen que no es humano, que es un monstruo de otra dimensión que devora las vísceras de sus víctimas, rompiendo sus huesos uno por uno. Otros dicen que es un demonio que se aparece de noche para llevarse a su reino almas indefensas. Los más escépticos dicen que es un loco indomable, extremamente violento que mata a todo aquél que se encuentre en su dominio luego de cierta hora. Pues bien, yo estaba ahora viéndolo y no era ninguno de los anteriores, pero la simple leyenda mantuvo mi sangre congelada.
Recuerdo todo lo que pasó ese día. Desde el suave aroma del café matinal, el agua fría de la ducha, hasta la pelea con mi jefa y la frustración que le siguió. No había dormido todo el día anterior haciendo el informe de los gastos, para que ella llegara y lo desaprobara, así sin más. Quisiera verla redactando a las tres de la mañana. A ver si así lo rechaza de todas maneras. Luego de la discusión hice lo que siempre hago cuando me enfrento a discusiones. Me fui al baño a llorar. Sé que es patético pero más patético aún fue hundirme tanto en el llanto, sentada en una esquina de la habitación, que me quedé profundamente dormida. Nadie notó mi ausencia cuando corrieron exactamente a las 9 de la noche. Nadie se percató de que ahora me hallaba sola, sola con… él.
Cuando desperté estaba oscuro, me fijé en mi reloj y vi que eran las 9:30. “¡Mierda!”, pensé. Me levanté con cuidado y salí. Era sólo media hora, además existía la posibilidad de que fueran sólo leyendas. Sin embargo, en cuanto salí vi su sombra venir desde lejos, y asustada hasta la punta de los pies me encerré en el cuarto de limpieza.
Y ahí estaba ahora, contando en tiempo hasta el amanecer. Decidí asomarme de nuevo y el hombre estaba en la oficina de mi jefa, revisando los papeles. Por un momento deseé que se los comiera todos, para que la empresa entrara en crisis. Me regañé a mi misma por esto y seguí observando. Caminó de aquí para allá, escudriñando cada detalle. Por un momento se sentó a leer debajo de la lámpara de mi oficina. Al verlo me sentí tonta de haberme creído todas esas historias fantásticas que contaban mis compañeros.
Ya sin miedo me relajé y me resigné a pasar la noche ahí, porque aunque ya estaba segura de que era inofensivo, me sentiría muy tonta de salir ahora y tener que explicar la razón de mi rezago. Traté de ponerme cómoda, pero al moverme moví una escoba y se cayeron varios pomos de limpiadores. Supuse que el ruido atraería la atención del joven, así que ahora tendría que salir y decirle la verdad. Volteé para tomar impulso y levantarme. Ahí estaba. De forma inexplicable, al lado de mi. Nunca olvidaré la sonrisa torcida en su cara.
A más tardar a las nueve de la noche, todo el personal de la empresa se retira. No importa que tan importante sea el trabajo del día siguiente, ni que tan interesante esté la plática, todos se van al filo de las nueve. ¿Y por qué? Por ese hombre que acabo de ver comerse una torta en el pasillo.
Dicen que no es humano, que es un monstruo de otra dimensión que devora las vísceras de sus víctimas, rompiendo sus huesos uno por uno. Otros dicen que es un demonio que se aparece de noche para llevarse a su reino almas indefensas. Los más escépticos dicen que es un loco indomable, extremamente violento que mata a todo aquél que se encuentre en su dominio luego de cierta hora. Pues bien, yo estaba ahora viéndolo y no era ninguno de los anteriores, pero la simple leyenda mantuvo mi sangre congelada.
Recuerdo todo lo que pasó ese día. Desde el suave aroma del café matinal, el agua fría de la ducha, hasta la pelea con mi jefa y la frustración que le siguió. No había dormido todo el día anterior haciendo el informe de los gastos, para que ella llegara y lo desaprobara, así sin más. Quisiera verla redactando a las tres de la mañana. A ver si así lo rechaza de todas maneras. Luego de la discusión hice lo que siempre hago cuando me enfrento a discusiones. Me fui al baño a llorar. Sé que es patético pero más patético aún fue hundirme tanto en el llanto, sentada en una esquina de la habitación, que me quedé profundamente dormida. Nadie notó mi ausencia cuando corrieron exactamente a las 9 de la noche. Nadie se percató de que ahora me hallaba sola, sola con… él.
Cuando desperté estaba oscuro, me fijé en mi reloj y vi que eran las 9:30. “¡Mierda!”, pensé. Me levanté con cuidado y salí. Era sólo media hora, además existía la posibilidad de que fueran sólo leyendas. Sin embargo, en cuanto salí vi su sombra venir desde lejos, y asustada hasta la punta de los pies me encerré en el cuarto de limpieza.
Y ahí estaba ahora, contando en tiempo hasta el amanecer. Decidí asomarme de nuevo y el hombre estaba en la oficina de mi jefa, revisando los papeles. Por un momento deseé que se los comiera todos, para que la empresa entrara en crisis. Me regañé a mi misma por esto y seguí observando. Caminó de aquí para allá, escudriñando cada detalle. Por un momento se sentó a leer debajo de la lámpara de mi oficina. Al verlo me sentí tonta de haberme creído todas esas historias fantásticas que contaban mis compañeros.
Ya sin miedo me relajé y me resigné a pasar la noche ahí, porque aunque ya estaba segura de que era inofensivo, me sentiría muy tonta de salir ahora y tener que explicar la razón de mi rezago. Traté de ponerme cómoda, pero al moverme moví una escoba y se cayeron varios pomos de limpiadores. Supuse que el ruido atraería la atención del joven, así que ahora tendría que salir y decirle la verdad. Volteé para tomar impulso y levantarme. Ahí estaba. De forma inexplicable, al lado de mi. Nunca olvidaré la sonrisa torcida en su cara.
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