viernes, 7 de diciembre de 2012

Blindness

Últimamente me ocurre que no se me ocurre nada (al menos nada bueno) para escribir.

La mayoría de las personas dicen que Paulo Coelho es lo peor que le ha pasado a la literatura. Yo no estoy en desacuerdo, pero creo que ello ocurre porque insisten en compararlo en el arte literario. Sí, Paulo Coelho se queda muy atrás en narrativa y en complejidad de historias si alguna vez se ha leído a García Márquez o Mario Vargas Llosa; pero creo que como superación personal realmente logra que el lector reflexione y se sienta mejor consigo mismo.

Y lo que nos ocurre a personas que gustamos de leer es que a veces se te sube lo lector a la cabeza y empiezas a menospreciarlo todo. ¿Por qué? La verdad es que gran porcentaje de ello es pura presunción. No voy a negar que si tengo ganas de una buena historia los libros de Coelho me parecerán planos y sin sentido, que preferiría leer otro autor. Pero tampoco tengo por qué negar que he leído algunos de los que ha escrito, y que “El alquimista“ de verdad me hizo sentir el calor de la esperanza y pensar que puedo llegar muy lejos.

Esto pasa con la música también. Es cierto que una vez que escuchas música clásica es más fácil identificar las atrocidades que hacen algunas (la mayoría) de las canciones modernas (Dígase, todas siguen la secuencia C A F G C, en la tonalidad que guste). Pero ¿por qué habría de negar que las canciones de Simple Plan me hacen sonreír al recordar mi adolescencia temprana? ¿Por qué habría de estar gruñona toda la tarde porque pusieron banda en la fiesta en lugar de pararme a bailar? Saber de ritmos y compases no me impide ser una mexicana como cualquier otra y sentir que mis caderas se mueven junto con la tuba.

Y así como en el arte, en muchas otras cosas pasa que sin darte cuenta cómo, pretendes. Al principio como una forma de defensa contra la adversidad. Quizá ellos se burlen de ti por ser de esta manera, mejor ahórrate problemas y actúa de esta otra. Un poco de esto yo lo llamo prudencia. Lo malo es cuando lo haces diario y en todas partes, y guardas todo lo que en realidad quieres y piensas para querer y pensar lo que se espera de ti. ¡Ya no más! Si yo he leído a Paulo Coelho y me ha gustado, eso no me quita haber leído 14 libros de Gabriel García Márquez, o conocer de reglas de redacción de textos. Y si me gusta bailar banda en las fiestas, no significa que no pueda analizar piezas de Mozart o tocar Bach en el piano. A veces es tanto el miedo a la generalización, que te vuelves ella.


martes, 25 de septiembre de 2012

Pijamada.

Un muy buen día (aunque 24000 personas murieron de hambre, 75000 fueron asaltadas  y seguramente algún genio potencial de la pintura se inscribió a estudiar derecho) Marilyn recibió un sobre anónimo en su domicilio.
Era un sobre amarillo, completamente sellado, que sólo contenía su nombre en el exterior. Al menos algo diferente entre tantos sobres de cobros y más cobros que llegaban diariamente. Marilyn abrió el sobre y lo que encontró dentro la hizo quedarse estupefacta. Luego de hiperventilar un poco volvió a revisar el contenido y esta vez liberó su sorpresa con un gran grito que resonó en toda la casa.

Resulta que cuando hay una niña problema en el salón de clases, esa niña tiene pocas probabilidades de asistir a una pijamada. Muy pocos saben que esa niña tiene al mismo cantante adolescente recortado de las revistas y pegado en una hoja de su diario; tampoco es de conocimiento público que esa niña tiene la misma fuerza en las piernas para saltar en la cama y la misma resistencia contra las peleas de almohada. A nadie le interesó nunca enterarse de que a esa niña se le iluminó la sonrisa por primera vez cuando Marilyn la invitó a su pijamada de cumpleaños. Y como era de esperarse, absolutamente nadie se interesó por saber que 30 años después esa niña problema se encontraba en su oficina como CEO de una de las empresas más grandes de América, reflexionando sobre su infancia, y  que como adulta comprendió que nadie desea la posibilidad de ver su cumpleaños arruinado por la presencia de una niña problema. Nunca nadie supo que esa niña problema firmó un cheque por una cantidad de la estratosfera y con la mano en la cintura lo mandó enviar en un simple sobre de color amarillo.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Galletas oreo

     Es fascinante cómo una puede no darse cuenta de que las cosas cambian. Tantas cosas han cambiado en mí últimamente y no lo noté hasta ahora. O quizá el cambio era tan obvio que lo pasaba por alto.

      Sí, medicina es una carrera radicalmente diferente de artes. Sí, vivo sola y tengo que aprender a valerme por mí misma. Sí, Monterrey puede abrirte las puertas de lo desconocido y también puede patearte el trasero cuando te distraes. Pero todo eso pasaba de largo, lo que me hizo reflexionar sobre mis cambios fue mi gusto por los sandwiches.

     Si alguno de los lectores (si es que hay algún lector) conoce a la autora, sabrá que me puedo comer lo que sea que me pongan en el plato excepto una cosa: los sandwiches de cualquier tipo. Desde primero de primaria, el día que accidentalmente mi mamá puso aguacate echado a perder en mi sandwich y yo me lo comí por la obligación de comerse el lunch, no podía siquiera soportar la idea de meter un sandwich a mi boca. Curiosamente, esto aplicaba incluso a las galletas tipo sandwich. Nada de galletas emperador, ni oreo ni nada de eso. Las príncipe eran aguantables en caso de hambruna pero no las compraría de mi bolsillo.

      El día de hoy, cuando me acabé el paquete de galletas oreo con leche y me dieron ganas de abrir otro, me di cuenta de que las cosas no eran como antes. De repente las bolsas de pan bimbo se consumen en una semana, junto con el jamón, lechuga, jitomate y demás ingredientes. La vida de estudiante me ha hecho darme cuenta de que cuando el tiempo escasea, un sandwich es portable, rápido, fácil y llenador. De pronto la cremita de vainilla, antes repudiable, sabe a gloria.

     Entonces soy una persona diferente. Una niña que le gustan los sandwiches. Una Caty que no es la que yo conocí y que no me di cuenta de nada si no hasta que la vi antojada de un sandwich de atún. al menos creo que esta nueva Caty es la Caty que es capaz de ser doctora y de vivir en el norte, y que los sandwiches son sólo el inicio de una nueva era.

Bienvenida a la era del sandwich.

jueves, 16 de agosto de 2012

Quizá el secreto de escribir sea no tener tiempo de hacerlo.

viernes, 10 de agosto de 2012

LEJOS

Razones sobran...


para que seas la imagen
de mis delirios imaginarios
pues éstos se basan en recuerdos. 


Tu cara de blanquísima nieve
Me quema. 
Es fuego. 
Es éxtasis. 
Es muerte y vida. 



Imágenes desatan sensaciones...
Suave hormigueo
Contracciones exquisitas
Marea que explota
en altos decibeles. 



Te imagino como incienso de canela
Que llena el aire
Ambiente soporífero
luces tenues al tacto de la seda. 

Te imagino en mil y una formas
te hago etéreo, inexistente
persiste la razón
persiste la palabra
muere en un segundo el tiempo

Pero de todas las maneras en que te imagino
te prefiero simple. 
Real.
Perfecto. 
Tú. 

Te prefiero imaginar en el futuro

porque prefiero imaginarte
CERCA. 

martes, 10 de julio de 2012

Sueños de Pátzcuaro.

Te soñé en mi siesta vespertina. Me pregunto por qué en esa, la prohibida, la que no se debe hacer porque dice mi madre que “La noche es para dormir, el día para despertar y no viceversa“
O quizás es perfectamente lógico que te sueñe en mi siesta vespertina y en ninguna otra.
Te soñé en Pátzcuaro. Me pregunto por qué ahí, en ese pueblo mágico, al que fuimos aunque nunca debimos ir.
O quizás es perfectamente lógico, porque lo que Pátzcuaro encierra de nuestra historia real o imaginada no lo encierra ningún otro lugar.
Te soñé en la lluvia, como en nuestra propia versión mexicanizada de una película de Nick Cassavetes. Te soñé primero con el frío de la lluvia en medio de una plaza desierta, entre el misticismo de la meseta y los árboles milenarios. Te soñé luego con el alivio de un hospedaje tranquilo y templado, con palabras  cálidas y sentimientos explosivos. Te soñé con todo y banda sonora suave, lleva de sutilezas de violín y aromas a manzana con canela.
Te soñé para despertar y saber que te habías ido.
Y saber que te fuiste porque no aguantaste, después de todo, después de tanto decir y jurar y hacer y buscar e invertir y lograr, no aguantaste y volviste a caer en donde mismo.

jueves, 5 de julio de 2012

La espera.

Mírate nada más, corriendo para esperar.

Esperar tiene su lado amable cuando se sabe qué es lo que se espera, o si se espera con la seguridad de la llegada de lo esperado. De lo contrario, es sólo pasar el tiempo sabiendo o bien la incertidumbre de lo venidero, o sabiendo perfectamente que se espera lo que no llega o no sabiendo nada de nada.

Claro que esperar tiene sus encantos, como es intensificar la reacción cuando llega lo tan ansiado, que aunque podría ser no tan extraordinario, se admira con más deleite. Eso o el avanzar de las páginas del libro que vas leyendo mientras esperas.

Por mi parte, últimamente he decidido que lo más importante es esperar de forma inteligente. Hay cosas que se esperan, cosas que se buscan y por último están las cosas que no se esperan ni se buscan, porque se sabe de antemano que las probabilidades son casi nulas.
Quería acabar este pseudo-texto con una frase que no tiene nada que ver con lo anterior:

¡Tú espérame en Siberia, amor mío!
(Y quizá algún día vaya yo a buscarte, porque eso sí, yo no voy a sentarme a esperarte)